Signos, palabras, sonidos, silencios, imágenes, gestos, olores o miradas nos pueden comunicar cosas. Nos proporcionan información sobre hechos, ideas, sensaciones, intenciones, sentimientos o deseos. La comunicación más instintiva nos expresa cosas como el hambre, el miedo, el dolor o la alegría. La comunicación simbólica nos comunica infinidad de ideas, emociones o conocimientos. La comunicación abstracta implica un desarrollo mental, social y cultural. El ser humano es un animal capaz de crear y usar signos y códigos. El ser humano es un animal parlante, simbólico. Nuestra sociedad actual se autodefine como la "Sociedad de la información y la Comunicación" (SIC). Así, telecomunicaciones, Internet, WWW, “on-line”, SMS o móvil se han convertido en los conceptos estándar de esta nueva forma, retroalimentada, de revolución tecnológico-comunicativa que nos ha tocado vivir.
El ser humano puede elegir entre decir algo o no decirlo, decirlo de una manera o de otra. El ser humano tiene cierto control y una conciencia acerca de su propia comunicación. En el ser humano la comunicación primaria o natural se ha deslizado hacia la cultura. Deslizamiento que hace referencia al pacto social, al autocontrol de los impulsos, a la conciencia, a la capacidad de elección o a la de cooperación. La comunicación relaciona al sujeto con su familia y con su entorno asegurando la transmisión y la adquisición del patrimonio cultural común. Asegurando el ingreso del sujeto al mundo social y simbólico. La comunicación es el fundamento de la vida social. La supervivencia en el medio, la producción de bienes, la adaptación al entorno o garantizar un orden social y económico mediante valores y normas puede desarrollarse gracias al lenguaje y la comunicación humana.
Con el lenguaje se crea una estructura simbólica que ordena, diferencia y clasifica las relaciones de las personas entre sí y con el mundo que las rodea. Con la lengua y el habla creamos los conceptos y las ideas que se tienen del mundo, de las cosas, de uno mismo o de los demás. La cultura, la sociedad y el ser humano son en gran parte efecto del lenguaje, “representación simbólica” y significante que tiene su correspondencia en las acciones, valores, los hábitos de comportamiento y las emociones. Los conocimientos, los saberes, las ideas, las prácticas sociales, los hábitos de comportamientos o los valores han sido transmitidos de una generación a otra a través de procesos de socialización por la experiencia de la vida cotidiana y de prácticas de transmisión educativas generales y específicas. Estos procesos se han producido utilizando como estructura algún tipo de lenguaje (gestual, oral, escrito, criptográfico...). Toda transmisión educativa se mediatiza a través del lenguaje. El lenguaje es el principal medio por el cual educador y sujetos interaccionan posibilitando una relación educativa, el proceso educativo de transmisión y aprendizaje, es el “tercer elemento” por excelencia. El conjunto de transmisiones estructura un encadenamiento simbólico de intercambios y comunicación entre educador y sujetos, introduciendo, a estos últimos, en un discurso colectivo, común: socializado. El lenguaje será la estructura y medio fundamental para que los valores, actitudes o contenidos puedan ser transmitidos posibilitando la relación educativa.
Signo: significante y significado.
Desde Saussure, el signo es una entidad simbólica y psíquica de dos planos inseparables, como las dos caras de una moneda. El significado es el concepto, la idea que se asocia a una imagen o señal acústica de forma arbitraria, es decir, el significante. Esta estructura comprende un tercer elemento, el referente; es decir, la cosa o realidad de la que hacemos referencia. El signo puede ser tal en la medida en que hace referencia a alguna otra cosa.
La significación es una forma de objetivizar la relación existente entre los dos planos del signo lingüístico: significante y significado.
Desde esta perspectiva el signo carece de valor intrínseco, no posee propiedades. El valor de cada signo varía en función del conjunto de relaciones que se establece con los demás signos. El referente sería el conjunto de cosas y hechos acerca de los cuales los signos proporcionan información. El referente es extralingüístico, mientras que el contexto se refiere a los signos en cuestión.
El significado de un signo puede ser denotativo o connotativo. Estándar, común, general, por ejemplo una definición del diccionario, el primero. O particular, el que cada hablante le da a cada concepto, el segundo. La denotación pretender objetivizar y hacer consciente, la connotación es subjetiva, inconsciente. La denotación suele ser consenso (o imposición social), la connotación es más fragmentaria, podría señalar un significado único para un sólo hablante o un significado de determinados grupos de hablantes.
El Lenguaje, el estigma y el verbo ser.
El discurso social de cada época tiende a asignar lugares simbólicos y espacios sociales de control de los conflictos. Se crean categorías de clasificación desacreditadoras y desocializadoras (toxicómano, adicto, dependiente, marginal, conflictivo, inadaptado) e instituciones y profesionales de todo tipo de control y de producción de sujetos estigmatizados. Si un sujeto asume, por ejemplo, que él es un “toxicómano” (categoría social) eso significa un autoreconocimiento e identificación con los significados denotativos y connotativos como "enfermo", "irresponsable" o "peligro social". Significa que se asume la delegación de lo indelegable: la responsabilidad personal. El sujeto, a cambio, obtiene un reconocimiento y una atención social: familia, educadores, asistentes sociales, médicos, jueces o policías, subvenciones o pensiones
Asumimos que la cultura y el lenguaje forman, transforman y caracterizan a los sujetos, sus cuerpos, sus ideas, sus conscientes e inconscientes, emociones y acciones. El lenguaje crea realidad, en tanto que el significante se identifica con el significado. Con el lenguaje construimos un mundo de relaciones con el entorno. Los significados denotativo y connotativo crean una estructura simbólica que permite pensar, conceptualizar, comunicar o analizar la realidad en la cual se vive. Cuando se establece una relación educativa la lengua común es el principal vínculo. Toda transmisión se realizará a través del lenguaje. La calidad del lenguaje usado condicionará toda la relación educativa, fines y medios, fondo y forma.
Con la utilización del verbo ser el significante adjudica-ser, esencia. Atribuye cualidades innatas, propiedades intrínsecas: “es bueno, es malo, es abogado, es toxicómano, es ex-toxicómano”. Se puede ser alto o bajo, se puede ser rubio o moreno, pero no se puede ser educador, médico o toxicómano: se trabaja o se ejerce de tal o cual cosa, pero no es innato, fijo e inmutable. Sería correcto decir que “Pedro es toxicómano” si fuera algo innato, pero por lo que sabemos el consumo de drogas es algo que se aprende en el transcurso de la vida y es una situación que puede cambiar en cualquier momento. Cuando se dice que un sujeto es toxicómano, es adicto o es drogodependiente se le está atribuyendo (sin fundamento) una cualidad desacreditadora e inmodificable. Esta clasificación representa un estigma; igualmente la utilización de la categoría “ex-toxicómano” o “ex-alcohólico” donde el prefijo, en estos casos, tiene una carga moralizante y desacreditadora, definiendo (y atrapando) a su portador al adjetivo al cual lo reenvía indefinidamente. La atribución de estas falsas cualidades y aptitudes presupone una situación de estigmatización de hecho, marca simbólica, que actúa como una de esas formas de penalidad social al margen de los órganos de la judicatura. El uso incorrecto del verbo atributivo ser por parte de los profesionales presupone una agresión a los sujetos. Consumir drogas, como trabajar de médico o educador, no son cuestiones innatas, fijas o inmutables, no son propiedades, son relaciones, productos socioculturales.
Con un uso correcto del lenguaje podemos marcar lo temporal, podemos plantear la posibilidad del cambio, podemos construir nuevas realidades y relaciones. Es muy frecuente que un sujeto clasificado y tratado como toxicómano (adicto o drogodependiente) asuma, integre y se identifique con sus significados denotativos, connotativos (enfermo, drogodependiente; peligro social, irresponsable) y con el estigma y delegue parte de sus responsabilidades en los demás (ver cuadro 1).
| Conceptos y categorías usadas. (Significantes) | Connotaciones personales y sociales. (Significados denotativos/connotativos) |
| Toxicómano. Drogodependiente. Adicto. | Enfermo (crónico, mental) débil, mentiroso, delincuente, peligro social contagioso, víctima, vicioso, irresponsable, incapaz, |
Cuadro 1. Los conceptos adicto, drogodependiente o toxicómano tienen unas connotaciones personales y sociales comunes de carácter estigmatizador y denigrante.
El hecho de ser clasificado como incapaz, enfermo mental o drogodependiente, crea unos espacios que serán ocupados por instituciones, profesionales y filántropos varios. La categoría de “irresponsabilidad”, históricamente asociada a la de "peligro social" aplicada sobre los sujetos pretende enajenar la voluntad de las personas y fija las pautas a seguir y los lugares a ocupar en el discurso institucionalizado. Discurso de época donde convergen el poder, la legalidad, la moralidad y el dogma científico (ilegalidad o legalidad, bueno o malo, enfermo o sano, error o verdad).
El habla de argot.
El ámbito de las drogas tiene características que lo diferencian de otros ámbitos educativos, por ejemplo: su argot. Un argot propio del consumo combinado con un argot propio de la ilegalidad. El lenguaje utilizado tiene sus palabras, sus connotaciones y sus valores constituyendo todo un discurso: crea su propia realidad de forma especular e indisociable a la realidad social en la cual surge. Determinados consumidores utilizan una determinada jerga con la que dar explicación de todo un conjunto de hechos, sensaciones y experiencias.
Como señala, Vera Ocampo, el hecho de drogarse no es suficiente para ser aceptado en determinados grupos y ambientes de "toxicómanos" o consumidores. Se necesita un determinado código verbal, corporal y de pautas de consumo y comportamiento comunes que expresan un discurso común y diferenciado del discurso o discursos sociales dominantes.
El argot del toxicómano tiene una amplia relación con el de la ilegalidad, pero va más allá, aporta un discurso con relación al placer, al displacer, la tentación, la elección, las normas o los límites. El argot del “toxicómano” tiene connotaciones con lo misterioso, así, expresiones como "flash, "viaje" o "punto" tienen unos significados mágicos, míticos e ideales, que más que ocultársenos se nos presentan de forma radical. (1) El discurso de argot ha construido una realidad diferenciada de otra a la cual remite sin cesar.
Algunos rasgos del discurso de este argot sobre el consumo lo constituyen:
- Su especialización con relación a la sustancia y sus usos; amplios conocimientos. (2)
- Sus relaciones con lo tabú, lo mítico y lo mágico. (3)
- Un discurso determinista, aceptación implícita de victimismo e irresponsabilidad.
- El argot del consumo no intenta ocultar sino exaltar el sentido y el significado de los conceptos ("flash" o "viaje"), aunque no lo haga racionalmente.
La palabra jeringuilla tiene un significado denotativo concreto para la mayoría de personas y suele ir asociado a las ideas de enfermedad, hospital o similares. Hay consumidores que no utilizan un lenguaje normalizado, sino que utilizan una jerga ("chuta", "máquina") que tiene connotaciones (personales y colectivos) y significados asociados a ideas como placer, bienestar, evasión o desinhibición propias del consumo (ver cuadro 2). En este argot las palabras como "flash" o "viaje" tienen una connotación específica de relación con el “goce” o con estados de “éxtasis”, tienen connotaciones positivas para quienes las utilizan. Son conceptos mágicos, míticos.
| Registro | Significante | Significado Denotativo | Significado connotativo |
| Estándar | Jeringuilla | “Jeringa pequeña para inyecciones”. (Del lat. «syringa», jeringa, gr. «syrinx, sýringos», caña, tubo; antes, siringa.) Utensilio de forma de *bomba, empleado para diversos usos; como poner *lavativas o rellenar embutidos. Particularmente, el de vidrio, de pequeño tamaño, que se emplea para poner *inyecciones. Fuente: María Moliner; Diccionario de uso del español. Ed. Gredos | Inyección, enfermedad, hospital, tratamiento, dolor… |
| Argot | ”Chuta”, “Máquina” | ¿? | Flash, Viaje, Pico; picarse Chute, Chutarse, colocón (Éxtasis, Goce. Placer, evasión… Desinhibición) |
Cuadro 2.
Aquí ejemplificamos a sujetos marcados con tal o cual categoría (estigma) y que en parte o totalmente la aceptan, la profesan o la fetichizan (muy especialmente en el lenguaje). También hay muchos consumidores que no aceptan determinadas clasificaciones, ni sus implícitas connotaciones, ni utilizan un lenguaje de argot. Suelen ser consumidores que no reniegan de sus responsabilidades: estos consumidores pueden o no consumir negligentemente pero no delegan responsabilidades ni aceptan tutelas paternalistas. No asumen el estigma de enfermo, adicto o drogodependiente. Son las personas que suelen solventarse los problemas de forma autónoma sin interferencias profesionales o estatales. Suelen rechazar las intromisiones “salvacionistas”.
En general, muchas palabras del argot del consumo de drogas tienen connotaciones positivas para quienes las utilizan. Si un sujeto quiere cambiar o adquirir nuevos hábitos o valores tendrá que hacer un esfuerzo de normalización del lenguaje. Esta idea es fundamental para poder tener cierto control consciente, racional y emotivo sobre esos signos que para ciertas personas actúan como “estímulos” directos que no siempre se saben o se quieren controlar. Este lenguaje de argot es polisémico, las palabras tienen varios significados poco precisos y muy personales.
En el lenguaje de argot del consumo de drogas, el contexto y el referente tienen una importancia especial. El contexto hace referencia al conjunto de signos que, en un mensaje, rodean a unos signos determinados.
Si aceptamos que el lenguaje crea realidad, comprenderemos su importancia como elemento a través del cual el sujeto puede optar a un "cambio de lugar" en el rompecabezas simbólico en el cual convive. Si un sujeto quiere cambiar sus hábitos de consumo sobre alguna droga le será mucho más difícil si habla y piensa en argot, limitado, polisémico y lleno de connotaciones positivas para él. Será a partir de la comunicación, del uso y transmisión que se realice del lenguaje, entre sujeto y educador, que se posibilite un conjunto de redes, interacciones y transmisiones simbólicas que moldearán una nueva realidad y crearán un nuevo lugar simbólico de relaciones para la circulación social.
El uso correcto del lenguaje representa en sí mismo un pacto tácito y un claro indicador de los niveles de comprensión y adaptación de los sujetos a su entorno. Creemos importante insistir en que la actividad educativa (de cualquier ámbito) debe dotar a los sujetos de los conocimientos, prácticas, valores y hábitos de comunicación y lenguaje propios de su época. Los sujetos han de adquirir y usar un lenguaje normalizado que les ayude a comunicarse y relacionarse más y mejor con su entorno social.
(1) Vera Ocampo, E.; "Droga, psicoanálisis y toxicomanía"; Edit. Paidos; Buenos Aires; Argentina.1988.
(2) Op. Cit.
(3) Op. Cit.