miércoles, mayo 13, 2009

ÍNDICE DEL BLOG


ÍNDICE DE COSAS DE EDUCACIÓN SOCIAL Y "ADICIONES"
. (BLOQUE I).



Nota para navegantes:

Una de las características fundamentales de los blogs consiste en que las diferentes entradas se muestran por orden inverso a la fecha de publicación, es decir, que la entrada que primero nos aparece es la última que hemos publicado. Sin embargo, si a alguien le interesara el contenido de este blog sería conveniente que lo leyera en el orden en que aparece en este índice. Si bien, este blog es un espacio digital, su contenido es analógico. Si se lee en el orden indicado en el índice el sentido y los significados de lo expuesto tienen una lógica y una coherencia que de la otra forma se pierde.

El contenido de estas entradas ( Bloque I ) surge a raíz de las reflexiones elaboradas a partir de una práctica profesional concreta en ciertos centros de atención al consumo de drogas ( Bloque II ). El Bloque II lo iré publicando en un futuro próximo.


lunes, octubre 15, 2007

MALESTAR Y CONFLICTIVIDAD: EFECTOS EMOCIONALES.







Efectos emocionales que pueden afectar al sujeto durante la relación educativa.


  1. Resistencia al aprendizaje.
  2. Actitud de rechazo. Rechazo de la autoridad educativa (y de la autoridad en general).
  3. Negación de evidencias.
  4. Impotencia.
  5. Indefensión.
  6. Depresión.
  7. Abandono de las actividades educativas.
  8. Disminución de la autoestima. Infravaloración.
  9. Cronificación de los conflictos.
  10. Angustia, ansiedad.
  11. Rabia.
  12. Animadversión.
  13. Ira. Odio.
  14. Inhibición ante situaciones conflictivas.
  15. Búsqueda de la conflictividad.
  16. Decepción, desencanto, apatía.
  17. Mínima implicación personal.
  18. Mínimo esfuerzo.
  19. Habituación afectiva.
  20. Deterioro de la propia dignidad.


Efectos emocionales que pueden afectar al profesional durante la relación educativa.

  1. Impotencia.
  2. Inseguridad.
  3. Angustia; ansiedad.
  4. Rabia.
  5. Depresión.
  6. Abandono de ciertos ámbitos educativos.
  7. Abandono de la profesión.
  8. Infravaloración, disminución de la autoestima.
  9. Ira. Odio.
  10. Animadversión.
  11. Decepción, desencanto.
  12. Mínima implicación profesional.
  13. Mínimo esfuerzo.
  14. Inhibición ante situaciones conflictivas
  15. Excesiva implicación profesional.
  16. Negación de evidencias
  17. Habituación afectiva.
  18. Deterioro de la propia dignidad.
  19. Profesional "quemao".

domingo, octubre 07, 2007

MALESTAR Y CONFLICTIVIDAD EN LAS RELACIONES EDUCATIVAS



Las relaciones educativas y las circunstancias institucionales de determinados ámbitos sociales en conflicto nos presentan, a menudo, situaciones difíciles de abordar por sus efectos sobre el bienestar (físico, psíquico, intelectual, moral o social) de los sujetos y de los profesionales. Las prácticas educativas en situaciones de conflicto nos enfrentan con temas tabú, con ideas, hábitos o pautas de comportamiento que socialmente están estigmatizadas. Conflictos arraigados en la costumbre de personas, instituciones y comunidades abarcando aspectos antropológicos, étnicos, históricos, políticos, legales, sociológicos, lingüísticos o económicos. El simple hecho de hablar de preservativos, de prevención de embarazos no deseados o de consumo responsable y seguro levanta ampollas y rechazo por determinados sectores sociales y sectas varias. Tratar el tema del consumo de drogas es un asunto delicado, mueve pasiones e intereses y genera malestar, de forma similar a conflictos como la eutanasia o el aborto. El conflicto ético y social será una constante en el desempeño de las funciones educativas en el ámbito de las drogas y otros muchos. La inadaptación social, el “fracaso escolar”, la pobreza, el absentismo escolar, los “malos tratos”, el desamparo de menores, los “riesgos sociales”, la delincuencia, las dificultades físicas, psicológicas o sensitivas, la inmigración, el consumo de drogas o las infracciones de las leyes y normas sociales son algunos ejemplos objeto de la práctica de la educación social especializada y fuente continua de malestar y conflictos. Los educadores desempeñan sus actividades en instituciones como centros cívicos, centros de día, aulas taller, servicios sociales, centros culturales, prisiones, centros de drogas, centros de discapacitados, centros de la tercera edad, centros de menores; servicios especializados, por citar algunos. El ejercicio de la profesión educativa requiere una atención especial a las situaciones, hechos o circunstancias que en una relación educativa son fuente de malestar y conflictos para los sujetos y para los profesionales.

Reflexionando sobre nuestra práctica educativa en centros de atención a consumidores de drogas exponemos, a continuación, una serie de ideas y hechos susceptibles de generar conflictividad y malestar, tanto para los sujetos como para los profesionales:
1. El marco legal. En el “conflicto” drogas el Imperio de la Ley determina el tipo de relaciones que instituciones y profesionales establecerán con los sujetos. La condición de legalidad o ilegalidad condicionará los modelos, los objetivos, los medios y la calidad de las relaciones educativas. En última instancia las leyes regulan las prácticas profesionales e institucionales, su reconocimiento y sus límites.
2. Ausencia de proyecto educativo de centro. Si no existe un proyecto educativo que fundamente y justifique la actividad profesional (funciones, responsabilidades, actividades, etc.) dicha actividad carecerá de rigor profesional, epistemológico y pedagógico.
3. Ausencia de un contrato educativo donde las partes se corresponsabilizan en el proceso educativo en condiciones democráticas.
4. Ausencia de lugares específicamente educativos. Es habitual que los educadores/as desarrollen su labor en instituciones y espacios no educativos (sanitarios, terapéuticos, penales, asistenciales). Los efectos de la labor educativa no pueden descontextualizarse de los espacios físicos donde se desarrolla. Se nos presenta prioritario para el futuro de la educación social asumir cada vez mayor independencia en el sentido de producir instituciones y espacios independientes de los discursos profesionales no educativos.
5. La utilización de espacios “escondidos”, “semiocultos” o “cutres”.
6. Espacios sin recursos (humanos, técnicos o económicos) suficientes.
7. La “exclusión” forzada de los sujetos de una circulación social normalizada como medio o fin. Las instituciones que aíslan al sujeto de una circulación social normalizada son una fuente continua de malestar. Por tradición histórica leprosos, locos, pobres, disidentes, toxicómanos y otros colectivos han sido marcados, perseguidos, apartados, excluidos y rechazados socialmente.
8. La relación calidad, objetivos y recursos. La falta de los recursos mínimos para que los objetivos perseguidos puedan lograrse. Cuando la actividad educativa fija sus objetivos en función de lo económicamente posible, en vez, de hacer lo posible para incidir en las necesidades educativas, nos encontramos ante una trágica perversión.
9. La utilización de un lenguaje inadaptado para los sujetos. Usar un lenguaje que no es significativo ni comprensible para los sujetos. El lenguaje usado ha de tener sentido y significado para el sujeto.
10. Utilización de argot. Hay una amplia corriente que defiende el uso del argot propio de los consumidores para acercarse a ellos y poder actuar educativamente. La utilización del argot de los consumidores tiende a conservar las connotaciones significativas (personales) y positivas del consumo. El uso del argot por los profesionales no facilita la normalización ni la compresión del conflicto.
11. Cuando en el ejercicio de la profesión educativa la autoridad deontológica predomina sobre la autoridad epistemológica se genera un rechazo a la autoridad, en general, del profesional.
12. La confusión institucional y profesional respecto a las funciones y responsabilidades propias de la educación social. La confusión entre lo educativo y lo terapéutico, entre la enfermedad y la responsabilidad personal, entre la tutela y la autonomía personal o entre la transmisión del patrimonio cultural común y el castigo.
13. La exigencia de las instituciones socio-sanitarias para que los educadores ejerzan funciones relativas a la medicación de los sujetos, al control en las analíticas, al cuidado y/o acompañamiento de enfermos, al entretenimiento barato, a la contención, a la represión, la coacción o la moralización.
14. La obligatoriedad de la asistencia a las actividades socio-educativas y las sanciones o castigos que puedan derivarse de las mismas. A partir de cierta edad (16 años) la educación sólo es posible desde la responsabilidad personal de los sujetos y no desde la coacción.
15. La moral deontológica que impone sus creencias “por el bien de los demás”. La moral, como la salud o la educación son derechos inalienables pero no deben ser castigos o penas. La moral deontológica se ejerce desde el poder, no desde el saber, e intenta abarcar todos los aspectos de la vida de los sujetos.
16. El escaso reconocimiento social e institucional de la educación social. El lugar donde las leyes y las instituciones ponen a los profesionales posibilita o no la función educativa. Si las instituciones no dan valor social a la educación (y a los educadores) no es posible que los sujetos puedan hacerlo.
17. El poco éxito de las actividades socio-educativas en instituciones socio-sanitarias. Hay un conflicto epistemológico y profesional entre la educación y la medicina, desde la concepción del sujeto, del objeto, del propio conflicto, hasta la metodología o los fines.
18. Realizar actividades con personas muy medicalizadas (psiquiátricamente) o bajo los efectos de las drogas ilegales.
19. El trato burocrático, superficial, eufemístico, mecánico, clínico, paternalista o tabú de temas como el consumo de drogas, el VIH//SIDA, del dolor (físico, psíquico, moral, social) la privación de libertad, la incapacitación, la tutela o la muerte. La muerte suele ser un tema tabú cargado de connotaciones, valoraciones y mitologías personales y sociales. La muerte siempre llega, por tanto, es necesaria una pedagogía de la muerte, un conocimiento cultural amplio de las preguntas, de las respuesta, de las dudas y contradicciones que las culturas y sociedades nos han legado sobre la muerte. Hay ámbitos educativos, como el de las drogas o el VIH/SIDA, donde es necesaria una educación sensible sobre la muerte, la enfermedad o el dolor.
20. La utilización de categorías utilizadas con cierta frecuencia por los profesionales y que conllevan un estigma social: terminal, crónico, toxicómano, adicto, drogodependiente, débil, infeccioso, paranoico, etc.
21. Juicios de valor y prejuicios profesionales respecto a los sujetos. Generalizaciones estereotipadas: “se morirá así”, “no cambiará nunca”, “todos son iguales”, “los toxis son así”, “es un caso crónico”, “la escoria de la sociedad”, “parásitos sociales”.
22. La vulneración de derechos o libertades con prácticas y discursos avalados por profesionales titulados. Tratar a los sujetos como incapaces e irresponsables. Los ciudadanos adultos no pueden ser incapacitados o tutelados por los profesionales. El paternalismo al uso de las instituciones es fuente de conflictos para la actividad profesional.
23. Otra fuente de conflictos son los boicots y el rechazo que personas seropositivas o personas en proceso de desintoxicación tienen que sufrir por compartir espacios: instalaciones comunitarias, puestos de trabajo, bares, etc.
24. Las prácticas que inciden en la exclusión, en la desocialización y marginación de las personas. Discursos profesionales (o no) sectarios y fundamentalistas.
25. Los miedos y fobias que ciertos profesionales sienten hacia los consumidores de drogas o seropositivos.
26. No respetar las elecciones que los ciudadanos adultos hacen respecto a su propia vida (se compartan o no).

domingo, septiembre 30, 2007

Educación, lenguaje, lengua y comunicación


A pesar de que muchos profesionales de la educación social desprecian o desconocen la importanciala de la acción educativa en áreas del conicimiento como el lenguaje, insistimos: el lenguaje, la lengua y la comunicación serán siempre un área de acción educativa fundamental por su importancia estructural:


  • El uso de una lengua implica un pacto tácito. Se usa una lengua común, aceptamos explícita o implícitamente el uso de un determinado código. Durante la infancia se aprende de forma consciente e inconsciente todo el código de comunicación y lenguaje que permite adaptarse y relacionarse con el entorno.


  • Con el lenguaje se puede ordenar el mundo. Nombrar es ordenar; al nombrar las cosas instauramos un orden. El lenguaje nos sirve para diferenciar y para clasificar el mundo y nuestra realidad.


  • El lenguaje estructura el pensamiento, moldea la mente, las ideas, las actitudes, los sentimientos los valores o las pautas de comportamiento.


  • El lenguaje verbal y escrito son los medios más eficaces de la comunicación racional y consciente.


  • El lenguaje es la estructura básica para la transmisión de conocimientos. Gracias al lenguaje se puede transmitir todo el patrimonio cultural y seguir produciendo otros nuevos.


  • El lenguaje es abstracción, son símbolos que representan cosas: por eso se puede generalizar cuando hablamos y se puede nombrar lo que está ausente. El ser humano puede hablar de lo que está ante sí, ausente o lejos en el tiempo o el espacio. Con el lenguaje se pueden inventar cosas e incluso mentir.


  • La lengua es el código fundamental de pertenencia e ingreso al mundo social. La lengua da una identidad a los sujetos y a la comunidad. Con el lenguaje los sujetos se identifican con los valores, ideas o costumbres del entorno. El lenguaje precede a los sujetos. Con el lenguaje se les marca un lugar de relación con el entorno.


  • El lenguaje crea realidad. Todo lo que se nombra pertenece al registro de la realidad. Lo que es conocido y comprendido es significativo para los sujetos. La realidad es una construcción abstracta, simbólica y social.



Comunicación y calidad de la relación educativa.


Un aspecto fundamental de la calidad de una relación educativa lo configura el tipo de comunicación que se establece entre educador/ra (institución) y sujeto, tanto verbal como no verbal.


A. Lenguaje verbal.


a) Reconocimiento del sujeto. Respeto y consideración hacia el sujeto.

b) Lugar simbólico en que la institución y profesionales ponen a los sujetos: categorías y clasificaciones que se utilizan (toxicómano, adicto...).

c) Tono utilizado. El tono usado condiciona tanto el significado de palabras y frases como las actitudes de los sujetos y los profesionales.

d) Ritmo verbal.

e) Fluidez.

f) Claridad.

g) Volumen.

h) Capacidad para el dialogo.

i) Capacidad de síntesis.

j) Capacidad de análisis.


B. Lenguaje corporal


a) Miradas.

b) Expresión facial.

c) Postura del cuerpo.

d) Movimientos de la cabeza.

f) Gestos de la cara, manos o cuerpo, sonrisas, muecas.

g) Distancia. Proximidad.

h) Contacto físico.



Algunos factores de comunicación que inciden en la mejora de la calidad educativa.


  1. Proyecto educativo explícito y contrato educativo formalizado.

  2. Contenidos, actividades y fines específicamente educativos.

  3. Espacios específicamente educativos. Lugar adecuado.

  4. Recursos suficientes.

  5. Utilización de categorías no estigmatizantes.

  6. Escuchar activamente.

  7. Dejar hablar.

  8. Respeto, consideración y reconocimiento del sujeto; atención, cordialidad.

  9. Empatía.

  10. Escrupuloso compromiso con el marco del Estado Social democrático de Derecho.

  11. Autoexigencia del profesional para el cambio.

  12. Autoexigencia del sujeto para el cambio.

  13. Conciencia sobre la libertad y la responsabilidad de los propios actos.

  14. Reconocimiento y respeto de los valores y opiniones del sujeto.

  15. No juzgar: no hacer valoraciones sobre el sujeto. No criticar ni desvalorizar a los sujetos.

  16. No dar órdenes.



Comunicación y conflictividad en la relación educativa.


Factores de lenguaje y comunicación susceptibles de incidir en la conflictividad y el malestar de la relación educativa:


  1. Ausencia de proyecto educativo o de contrato educativo.

  2. Ausencia de espacios específicamente educativos.

  3. Espacios cutres, “marginales”, escondidos o sin recursos. El espacio físico y material en que la institución pone a los sujetos y/o profesionales indica el valor o reconocimientos que se da a los mismos.

  4. No cuidar el lenguaje verbal y no verbal (conceptos, tono, ritmo, gestos, miradas, etc.), espacios, formas y contenidos.

  5. No escuchar respetuosamente.

  6. No reconocer al sujeto. Negar su discurso. Negar al otro es asesinarlo simbólicamente y como ser social, es "la infamia".

  7. Ocultar información a los sujetos.

  8. Acusar o amenazar.

  9. Chantajear. Coaccionar.

  10. Violar derechos o libertades fundamentales: dignidad, intimidad, información...

  11. Clasificar, etiquetar, estigmatizar o desacreditar a los sujetos.

  12. Generalizar: “Todos los días me dices lo mismo”, “siempre haces lo mismo”, “todo lo haces mal”, “no cambiarás nunca”, “jamás podrás...”, “otra vez igual…”

  13. Magnificar. Exaltar ideas, valores, problemas o inconvenientes:”la droga es mala”, “la droga mata”, “la guerra contra las drogas”, “la plaga de las drogas”, “la epidemia de las drogas”, “la guerra contra el sida”. El tema droga se ha satanizado, es un tema médico-tabú de nuestro tiempo que encarna los fantasmas del mal.

  14. El bajo nivel de exigencia: social, institucional, profesional o personal.

  15. Las actitudes paternalistas y de infantilización. Tratar a los sujetos como inferiores.

  16. Juzgar: “la culpa es tuya”, “tú te lo has buscado”.

  17. Utilizar un lenguaje inadaptado: ni comprensible ni significativo para los sujetos.

  18. Caer en el error de hablar en argot como los sujetos para acercarse a ellos.

miércoles, febrero 14, 2007

APUNTES DE EDUCACIÓN: LENGUAJE Y DROGAS


Signos, palabras, sonidos, silencios, imágenes, gestos, olores o miradas nos pueden comunicar cosas. Nos proporcionan información sobre hechos, ideas, sensaciones, intenciones, sentimientos o deseos. La comunicación más instintiva nos expresa cosas como el hambre, el miedo, el dolor o la alegría. La comunicación simbólica nos comunica infinidad de ideas, emociones o conocimientos. La comunicación abstracta implica un desarrollo mental, social y cultural. El ser humano es un animal capaz de crear y usar signos y códigos. El ser humano es un animal parlante, simbólico. Nuestra sociedad actual se autodefine como la "Sociedad de la información y la Comunicación" (SIC). Así, telecomunicaciones, Internet, WWW, “on-line”, SMS o móvil se han convertido en los conceptos estándar de esta nueva forma, retroalimentada, de revolución tecnológico-comunicativa que nos ha tocado vivir.


El ser humano puede elegir entre decir algo o no decirlo, decirlo de una manera o de otra. El ser humano tiene cierto control y una conciencia acerca de su propia comunicación. En el ser humano la comunicación primaria o natural se ha deslizado hacia la cultura. Deslizamiento que hace referencia al pacto social, al autocontrol de los impulsos, a la conciencia, a la capacidad de elección o a la de cooperación. La comunicación relaciona al sujeto con su familia y con su entorno asegurando la transmisión y la adquisición del patrimonio cultural común. Asegurando el ingreso del sujeto al mundo social y simbólico. La comunicación es el fundamento de la vida social. La supervivencia en el medio, la producción de bienes, la adaptación al entorno o garantizar un orden social y económico mediante valores y normas puede desarrollarse gracias al lenguaje y la comunicación humana.


Con el lenguaje se crea una estructura simbólica que ordena, diferencia y clasifica las relaciones de las personas entre sí y con el mundo que las rodea. Con la lengua y el habla creamos los conceptos y las ideas que se tienen del mundo, de las cosas, de uno mismo o de los demás. La cultura, la sociedad y el ser humano son en gran parte efecto del lenguaje, “representación simbólica” y significante que tiene su correspondencia en las acciones, valores, los hábitos de comportamiento y las emociones. Los conocimientos, los saberes, las ideas, las prácticas sociales, los hábitos de comportamientos o los valores han sido transmitidos de una generación a otra a través de procesos de socialización por la experiencia de la vida cotidiana y de prácticas de transmisión educativas generales y específicas. Estos procesos se han producido utilizando como estructura algún tipo de lenguaje (gestual, oral, escrito, criptográfico...). Toda transmisión educativa se mediatiza a través del lenguaje. El lenguaje es el principal medio por el cual educador y sujetos interaccionan posibilitando una relación educativa, el proceso educativo de transmisión y aprendizaje, es el “tercer elemento” por excelencia. El conjunto de transmisiones estructura un encadenamiento simbólico de intercambios y comunicación entre educador y sujetos, introduciendo, a estos últimos, en un discurso colectivo, común: socializado. El lenguaje será la estructura y medio fundamental para que los valores, actitudes o contenidos puedan ser transmitidos posibilitando la relación educativa.



Signo: significante y significado.


Desde Saussure, el signo es una entidad simbólica y psíquica de dos planos inseparables, como las dos caras de una moneda. El significado es el concepto, la idea que se asocia a una imagen o señal acústica de forma arbitraria, es decir, el significante. Esta estructura comprende un tercer elemento, el referente; es decir, la cosa o realidad de la que hacemos referencia. El signo puede ser tal en la medida en que hace referencia a alguna otra cosa.


La significación es una forma de objetivizar la relación existente entre los dos planos del signo lingüístico: significante y significado.


Desde esta perspectiva el signo carece de valor intrínseco, no posee propiedades. El valor de cada signo varía en función del conjunto de relaciones que se establece con los demás signos. El referente sería el conjunto de cosas y hechos acerca de los cuales los signos proporcionan información. El referente es extralingüístico, mientras que el contexto se refiere a los signos en cuestión.

El significado de un signo puede ser denotativo o connotativo. Estándar, común, general, por ejemplo una definición del diccionario, el primero. O particular, el que cada hablante le da a cada concepto, el segundo. La denotación pretender objetivizar y hacer consciente, la connotación es subjetiva, inconsciente. La denotación suele ser consenso (o imposición social), la connotación es más fragmentaria, podría señalar un significado único para un sólo hablante o un significado de determinados grupos de hablantes.



El Lenguaje, el estigma y el verbo ser.


El discurso social de cada época tiende a asignar lugares simbólicos y espacios sociales de control de los conflictos. Se crean categorías de clasificación desacreditadoras y desocializadoras (toxicómano, adicto, dependiente, marginal, conflictivo, inadaptado) e instituciones y profesionales de todo tipo de control y de producción de sujetos estigmatizados. Si un sujeto asume, por ejemplo, que él es un “toxicómano” (categoría social) eso significa un autoreconocimiento e identificación con los significados denotativos y connotativos como "enfermo", "irresponsable" o "peligro social". Significa que se asume la delegación de lo indelegable: la responsabilidad personal. El sujeto, a cambio, obtiene un reconocimiento y una atención social: familia, educadores, asistentes sociales, médicos, jueces o policías, subvenciones o pensiones.


Asumimos que la cultura y el lenguaje forman, transforman y caracterizan a los sujetos, sus cuerpos, sus ideas, sus conscientes e inconscientes, emociones y acciones. El lenguaje crea realidad, en tanto que el significante se identifica con el significado. Con el lenguaje construimos un mundo de relaciones con el entorno. Los significados denotativo y connotativo crean una estructura simbólica que permite pensar, conceptualizar, comunicar o analizar la realidad en la cual se vive. Cuando se establece una relación educativa la lengua común es el principal vínculo. Toda transmisión se realizará a través del lenguaje. La calidad del lenguaje usado condicionará toda la relación educativa, fines y medios, fondo y forma.


Con la utilización del verbo ser el significante adjudica-ser, esencia. Atribuye cualidades innatas, propiedades intrínsecas: “es bueno, es malo, es abogado, es toxicómano, es ex-toxicómano”. Se puede ser alto o bajo, se puede ser rubio o moreno, pero no se puede ser educador, médico o toxicómano: se trabaja o se ejerce de tal o cual cosa, pero no es innato, fijo e inmutable. Sería correcto decir que “Pedro es toxicómano” si fuera algo innato, pero por lo que sabemos el consumo de drogas es algo que se aprende en el transcurso de la vida y es una situación que puede cambiar en cualquier momento. Cuando se dice que un sujeto es toxicómano, es adicto o es drogodependiente se le está atribuyendo (sin fundamento) una cualidad desacreditadora e inmodificable. Esta clasificación representa un estigma; igualmente la utilización de la categoría “ex-toxicómano” o “ex-alcohólico” donde el prefijo, en estos casos, tiene una carga moralizante y desacreditadora, definiendo (y atrapando) a su portador al adjetivo al cual lo reenvía indefinidamente. La atribución de estas falsas cualidades y aptitudes presupone una situación de estigmatización de hecho, marca simbólica, que actúa como una de esas formas de penalidad social al margen de los órganos de la judicatura. El uso incorrecto del verbo atributivo ser por parte de los profesionales presupone una agresión a los sujetos. Consumir drogas, como trabajar de médico o educador, no son cuestiones innatas, fijas o inmutables, no son propiedades, son relaciones, productos socioculturales.


Con un uso correcto del lenguaje podemos marcar lo temporal, podemos plantear la posibilidad del cambio, podemos construir nuevas realidades y relaciones. Es muy frecuente que un sujeto clasificado y tratado como toxicómano (adicto o drogodependiente) asuma, integre y se identifique con sus significados denotativos, connotativos (enfermo, drogodependiente; peligro social, irresponsable) y con el estigma y delegue parte de sus responsabilidades en los demás (ver cuadro 1).



Conceptos y categorías usadas.

(Significantes)

Connotaciones personales y sociales. (Significados denotativos/connotativos)

Toxicómano.

Drogodependiente.

Adicto.

Enfermo (crónico, mental)

débil,

mentiroso,

delincuente,

peligro social

contagioso,

víctima,

vicioso,

irresponsable,

incapaz,


Cuadro 1. Los conceptos adicto, drogodependiente o toxicómano tienen unas connotaciones personales y sociales comunes de carácter estigmatizador y denigrante.


El hecho de ser clasificado como incapaz, enfermo mental o drogodependiente, crea unos espacios que serán ocupados por instituciones, profesionales y filántropos varios. La categoría de “irresponsabilidad”, históricamente asociada a la de "peligro social" aplicada sobre los sujetos pretende enajenar la voluntad de las personas y fija las pautas a seguir y los lugares a ocupar en el discurso institucionalizado. Discurso de época donde convergen el poder, la legalidad, la moralidad y el dogma científico (ilegalidad o legalidad, bueno o malo, enfermo o sano, error o verdad).



El habla de argot.


El ámbito de las drogas tiene características que lo diferencian de otros ámbitos educativos, por ejemplo: su argot. Un argot propio del consumo combinado con un argot propio de la ilegalidad. El lenguaje utilizado tiene sus palabras, sus connotaciones y sus valores constituyendo todo un discurso: crea su propia realidad de forma especular e indisociable a la realidad social en la cual surge. Determinados consumidores utilizan una determinada jerga con la que dar explicación de todo un conjunto de hechos, sensaciones y experiencias.


Como señala, Vera Ocampo, el hecho de drogarse no es suficiente para ser aceptado en determinados grupos y ambientes de "toxicómanos" o consumidores. Se necesita un determinado código verbal, corporal y de pautas de consumo y comportamiento comunes que expresan un discurso común y diferenciado del discurso o discursos sociales dominantes.


El argot del toxicómano tiene una amplia relación con el de la ilegalidad, pero va más allá, aporta un discurso con relación al placer, al displacer, la tentación, la elección, las normas o los límites. El argot del “toxicómano” tiene connotaciones con lo misterioso, así, expresiones como "flash, "viaje" o "punto" tienen unos significados mágicos, míticos e ideales, que más que ocultársenos se nos presentan de forma radical. (1) El discurso de argot ha construido una realidad diferenciada de otra a la cual remite sin cesar.


Algunos rasgos del discurso de este argot sobre el consumo lo constituyen:


- Su especialización con relación a la sustancia y sus usos; amplios conocimientos. (2)

- Sus relaciones con lo tabú, lo mítico y lo mágico. (3)

- Un discurso determinista, aceptación implícita de victimismo e irresponsabilidad.

- El argot del consumo no intenta ocultar sino exaltar el sentido y el significado de los conceptos ("flash" o "viaje"), aunque no lo haga racionalmente.


La palabra jeringuilla tiene un significado denotativo concreto para la mayoría de personas y suele ir asociado a las ideas de enfermedad, hospital o similares. Hay consumidores que no utilizan un lenguaje normalizado, sino que utilizan una jerga ("chuta", "máquina") que tiene connotaciones (personales y colectivos) y significados asociados a ideas como placer, bienestar, evasión o desinhibición propias del consumo (ver cuadro 2). En este argot las palabras como "flash" o "viaje" tienen una connotación específica de relación con el “goce” o con estados de “éxtasis”, tienen connotaciones positivas para quienes las utilizan. Son conceptos mágicos, míticos.


Registro

Significante

Significado Denotativo

Significado connotativo

Estándar

Jeringuilla

Jeringa pequeña para inyecciones”.

(Del lat. «syringa», jeringa, gr. «syrinx, sýringos», caña, tubo;

antes, siringa.) Utensilio de forma de *bomba, empleado para diversos usos; como poner *lavativas o rellenar embutidos.

Particularmente, el de vidrio, de pequeño tamaño, que se emplea para poner *inyecciones.

Fuente: María Moliner; Diccionario de uso del español. Ed. Gredos

Inyección,

enfermedad,

hospital,

tratamiento,

dolor…

Argot

Chuta”,

Máquina”

¿?

Flash, Viaje,

Pico; picarse

Chute, Chutarse, colocón

(Éxtasis, Goce. Placer, evasión…

Desinhibición)


Cuadro 2.


Aquí ejemplificamos a sujetos marcados con tal o cual categoría (estigma) y que en parte o totalmente la aceptan, la profesan o la fetichizan (muy especialmente en el lenguaje). También hay muchos consumidores que no aceptan determinadas clasificaciones, ni sus implícitas connotaciones, ni utilizan un lenguaje de argot. Suelen ser consumidores que no reniegan de sus responsabilidades: estos consumidores pueden o no consumir negligentemente pero no delegan responsabilidades ni aceptan tutelas paternalistas. No asumen el estigma de enfermo, adicto o drogodependiente. Son las personas que suelen solventarse los problemas de forma autónoma sin interferencias profesionales o estatales. Suelen rechazar las intromisiones “salvacionistas”.


En general, muchas palabras del argot del consumo de drogas tienen connotaciones positivas para quienes las utilizan. Si un sujeto quiere cambiar o adquirir nuevos hábitos o valores tendrá que hacer un esfuerzo de normalización del lenguaje. Esta idea es fundamental para poder tener cierto control consciente, racional y emotivo sobre esos signos que para ciertas personas actúan como “estímulos” directos que no siempre se saben o se quieren controlar. Este lenguaje de argot es polisémico, las palabras tienen varios significados poco precisos y muy personales.


En el lenguaje de argot del consumo de drogas, el contexto y el referente tienen una importancia especial. El contexto hace referencia al conjunto de signos que, en un mensaje, rodean a unos signos determinados.


Si aceptamos que el lenguaje crea realidad, comprenderemos su importancia como elemento a través del cual el sujeto puede optar a un "cambio de lugar" en el rompecabezas simbólico en el cual convive. Si un sujeto quiere cambiar sus hábitos de consumo sobre alguna droga le será mucho más difícil si habla y piensa en argot, limitado, polisémico y lleno de connotaciones positivas para él. Será a partir de la comunicación, del uso y transmisión que se realice del lenguaje, entre sujeto y educador, que se posibilite un conjunto de redes, interacciones y transmisiones simbólicas que moldearán una nueva realidad y crearán un nuevo lugar simbólico de relaciones para la circulación social.


El uso correcto del lenguaje representa en sí mismo un pacto tácito y un claro indicador de los niveles de comprensión y adaptación de los sujetos a su entorno. Creemos importante insistir en que la actividad educativa (de cualquier ámbito) debe dotar a los sujetos de los conocimientos, prácticas, valores y hábitos de comunicación y lenguaje propios de su época. Los sujetos han de adquirir y usar un lenguaje normalizado que les ayude a comunicarse y relacionarse más y mejor con su entorno social.


(1) Vera Ocampo, E.; "Droga, psicoanálisis y toxicomanía"; Edit. Paidos; Buenos Aires; Argentina.1988.

(2) Op. Cit.

(3) Op. Cit.